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miércoles, 25 de mayo de 2011

Bibliobús

No voy a hacer una gran reflexión sobre el Bibliobús, me basta con decir que es un recurso que ni siquiera conocía. Es por ello, que todo lo que he leído sobre él me ha resultado nuevo e interesante.

Me parece un recurso muy útil en primer lugar para las zonas que no disponen de una biblioteca de barrio o de localidad o, incluso, pueblo. Es normal que comenzase en las zonas rurales que no tenían centros de recursos municipales, públicos y gratuitos para obtener libros que poder utilizar en el aula. Además me parece una forma de acercar a esos niños al concepto de biblioteca, a la responsabilidad del cuidado de los libros.

En cuanto a que se haya extendido a las ciudades, me parece acertado. ¿Por qué? Pues bien, creo que es un recurso más que está al alcance de todos los ciudadanos. Además, es una forma gratuita de poder ampliar, temporalmente, la biblioteca de aula o de centro. Y también sirve para "descubrir" nuevos libros maravillosos en los que, en caso de ser posible, invertir para ampliar la dotación de las distintas bibliotecas, -ya sean de aula o de centro-.

Además, la utilización por parte de los niños del bibliobús, supone una interacción con los trabajadores del bibliobús, conociendo la función de un "bibliotecario" no tan al uso. Y también, el fomento de la mente crítica y de la capacidad de seleccionar, ya que tienen un número determinado de libros que pueden quedarse y tendrán que elegir cuáles.

Por último, me parece que sirve para que los niños se acerquen a otro tipo de biblioteca, y se den cuenta de lo que significa que esos libros sean públicos. Significa que ahora los tienen ellos pero que los tienen que cuidar muy bien y devolver a tiempo, para que otros niños puedan descubrir esos libros que tan buenos ratos les han hecho pasar a ellos.

Los niños pequeños y los libros

Creo que la lectura de este artículo es muy interesante no sólo para los destinatarios reales del mismo, -padres y madres-, sino también para cualquiera que tenga cerca niños pequeños como es, o será, nuestro caso.

Estoy completamente de acuerdo con la autora en la gran importancia que tiene que los padres se impliquen en las rutinas de sus hijos. Los niños, en muchas cosas, aprenden por imitación y, por lo mismo que no se debe cruzar en rojo un semáforo delante de un niño si no quieres que luego él lo haga, es importante que los niños nos vean leer porque así, será más probable que el niño adquiera ese hábito en su día a día.

Es por esto que, por mucho que se haga desde la escuela a través de la maestra, de la biblioteca de aula, de los cuentacuentos y de muchas otras actividades, es fundamental que las familias en general, y los padres en particular, se encarguen de acercar a los niños al mundo literario, concediéndole la oportunidad de conocerla, adentrarse en ella y disfrutar de la misma… Empezando desde pequeño y sin ser una imposición, es más fácil encontrarle el gusto a la literatura… Lo digo por experiencia… Desde siempre he visto tanto a mis padres como a mis abuelos leer, desde chiquitita quise aprender a leer y así lo hice, y he disfrutado mucho leyendo libros… Es algo que me gusta, me distrae, me divierte, me ayuda a evadirme, a relajarme y…en muchos casos me emociona. Y, sinceramente, no hay nada mejor que un buen libro y un jardín donde sentarse a leerlo.

También he de decir que, al igual que soy una persona que disfruta leyendo, ha habido libros que me han impuesto desde el colegio y que me ha costado una eternidad leerme o, simplemente, terminarme. Creo que la primera vez que dejé un libro a medias fue porque me tenía que leer el libro porque lo decía el programa… En fin, un desastre.

Eso no quiere decir que todo lo que mandan leer en el cole lo haya aborrecido, también recuerdo libros como “El cantar de Mio Cid” o “El árbol de la ciencia” que me encantaron, y fueron lecturas impuestas. Pero esto no quiere decir, que la obligación sea el camino correcto.

Por otra parte además de no imponer y de que los padres despierten el gusto por la lectura en sus hijos, es importante que los niños tengan, -y vean-, libros a su alrededor, es otra ayuda “extra” para conseguir el objetivo.

Para tener buenos libros rodeando a los niños, no sirve cualquier libro. Es muy importante elegir libros adecuados para los niños según sus intereses, necesidades, momento evolutivo, etc…. Además así, nos aseguraremos de que, en el futuro, el niño sea un lector crítico.

Para terminar, creo que, además de dirigir a los lectores a entradas anteriores donde se explica cómo elegir un buen libro infantil, o como adaptar un texto folklórico, podemos aportar las pautas y títulos que propone la autora:

1)Títulos para antes de comenzar a leer: El niño atraviesa distintas etapas en las que su psicología, sus necesidades afectivas y culturales, así como sus intereses cambian.
Debemos mostrarles la lectura como algo interesante y divertido que despierte su gusto. Pueden ser libros manipulables, troquelados, desplegables, de plástico, grandes, pequeños, etc… Además, hay que pensar que son para utilizarlos y que si se rompen no pasa nada, siempre que sea sin querer. Además los pre-lectores tienen un interés por decodificar palabras de los libros y carteles de la calle o de los envases, así que podemos aprovechar esta situación para estimular y reforzar su interés preguntándoles por las letras que conocen, o dándoles la información que nos pidan. Siempre respetando sus ritmos porque, recordemos que no conseguiremos nada si les presionamos para leer.

2)Libros para bebés de 0-18. Lo que más les interesa son las Ilustraciones cuanto más estimulantes y coloridas, mejor. Lo ideal es que tenga un texto mínimo, para no desviar el interés. Lo ideal en cuanto a su formato es que sean de cartón resistente y seguro, con los bordes redondeados para que no se hagan daño, esto no quiere decir que no puedan estar hechos de plástico, de madera o de tela o, incluso, de diferentes materiales para favorecer su discriminación y la educación sensorial. Por último, deben poseer un tamaño manejable, para que los sostengan solos y pasen las páginas hacia delante o hacia atrás. Hay que escoger libros que los niños puedan utilizar de manera autónoma e independiente. En estas primeras edades el niño entiende el cuento como un libro-juguete

3)Libros para niños de 18 meses a 3 años. En esta etapa el lenguaje mejora a una velocidad vertiginosa. Además, empiezan a establecer criterios de selección y en seguida identificarán sus historias favoritas y pedirán que se las contemos una y otra vez. Es la fase del “otra vez”, no se cansan de escuchar un cuento. Irune nos ha dicho que es porque así pueden captar, poco a poco, lectura tras lectura, los detalles de la historia. Además, como maestros o padres podemos utilizar estas historias para presentar contenidos. En estas edades, para elegir un cuento, hay que tener en cuenta las ilustraciones y fotos, que sean sugerentes y den pie a que podamos entablar una conversación con los niños, libros de canciones y juegos para repetir, cuentos con historias para momentos especiales o rutinas (el baño, la cena, irse a la cama…). A esta edad, lógicamente, no saben leer, pero no es necesario esperar a ese momento, porque los cuentos que son adecuados, tienen unas imágenes que cuentan por sí mismas, -o por lo menos sugieren-, la historia o parte de ella y serán estas imágenes y las historias que los adultos, -padres y maestros- les contemos, lo que les atraerá hacia la lectura o les “repelerá” de la misma.

4) Libros para niños de 3 a 5 años: suelen asistir a la escuela y por tanto, están más familiarizados con los libros. A estas edades son capaces de interpretar una narración de mayor complejidad, por lo que las historias a elegir serán aquellas que les diviertas y cuyo lenguaje sea sencillo. En estas edades, es interesante dedicar un rato diario a la lectura como actividad conjunta, -el niño y el adulto-. Un buen momento es antes de irse a dormir. Para hacerle partícipe, seguiremos el texto con el dedo para que pueda seguir la lectura. Otro aspecto importante es que lea él partes del texto y, para que sea una actividad movida por el interés y no por la obligación, sería perfecto permitir al niño que elija el cuento.

jueves, 19 de mayo de 2011

Leer sin saber leer

Me parece acertado el documento, ya que aunque los más pequeños no sean capaces de leer, es decir, descodificar el lenguaje escrito, son capaces de ver el cuento, olerlo, imaginar a través de sus imágenes... Y, por supuesto, son capaces de recibir la literatura de los adultos.

El acercamiento a la literatura es desde el nacimiento, empezando por las nanas... Y me parece muy acertado utilizarlas con los niños, luego pasamos a las canciones y a los cuentos de fórmula y así poco a poco hasta textos literarios con estructuras cada vez más complejas.

Me parece fundamental el acercamiento paulatino a la literatura y, cuando el niño sea mayor, que vea a sus padres leer y vea libros a su alrededor. Esto es como aquel anuncio de "¡Si tu lees, ellos leen!"



Creo que es muy importante inculcar a los niños el gusto por la lectura y considero que esto no es sólo trabajo de los maestros y la escuela, sino también de los padres de los niños. Esto es a lo que se refiere Luisa Mora cuando dice en su artículo “que son quienes tienen que acompañar a los pequeños en su camino de convertirse en lectores”.

Está claro que en un hogar en el que los padres leen, hay más posibilidades de desarrollar un hábito de lectura en los niños, que en aquellos en los que no existe la posibilidad de leer porque apenas hay libros en la casa. Si un niño no ha visto a sus padres leer nunca, o ha tenido la mala suerte de que sus padres sean “alérgicos” a los libros (con esto me refiero a no leer, no tener libros, defender que leer no sirve para nada, y actitudes similares…) no veremos a ese niño acercándose por sí mismo, con su curiosidad natural, a la literatura.

Para esta “educación lectora”, considero esencial que los padres tengan una actitud reflexiva, abierta y responsable a la hora de comprar un libro, atendiendo siempre a la edad que tienen los niños, a las características del cuento, a la temática del mismo, etc… (Para más información, véase la entrada cómo elegir un buen libro infantil).

La madre oculta

Gerardo Gutiérrez, en el artículo titulado “La madre oculta”, señala que las hadas y las brujas son representaciones de las madres. Esta afirmación, antes de leerla en este artículo, se la escuché a Irune y, sinceramente, fue algo que se me quedó grabado, me sorprendió un montón. Anda que no habré visto películas y escuchado cuentos en los que aparecen esos personajes, y nunca me di cuenta de esa comparación. Sin embargo, es lógica la explicación que de ella da el autor: señala que, en muchos cuentos, la madre desaparece, -ya sea porque muere o porque se va-, véase el ejemplo de Blancanieves o Cenicienta. Al desaparecer la madre, se utiliza una “sustituta” de la misma: la madrastra, que representa al personaje, -bien sea hada, bien sea bruja-, con quien el/la protagonista ha de enfrentarse para resolver una serie de conflictos y “madurar”, para llevar a cabo su viaje iniciático.

Este autor se basa en las investigaciones de Propp, quien, recordemos que analizó la literatura folklórica según sus componentes, y mediante el estudio de dichos componentes clasificó los cuentos en: mitos, cuentos de animales, cuentos de fórmula y cuentos de hadas o maravillosos.

En los cuentos de hadas o maravillosos, podemos hablar de las hadas (quienes ayudan al protagonista) y las brujas (a quien se enfrenta el protagonista). Sin embargo, hay otro personaje femenino importante: la maga.



Hay tres formas de maga: una es la maga donante, que se corresponde con el hada;



otra la maga raptora, que se corresponde con la bruja;



y, por último, la maga guerera.



La maga, en cualquiera de sus tres representaciones, siempre será madre o madrastra del/la protagonista, pero nunca esposa.

Como es lógico, el papel de maga es fundamental porque, además del papel de madre/madrastra, tiene otras representaciones como hada/bruja y, por tanto, es el personaje que interviene de forma activa (generalmente), para ayudar -en el caso del hada-,o dificultar -en el caso de la bruja-,el viaje iniciático niño-adulto del/la progatonista.


Si recordamos el artículo “Entre hadas y brujas”, ambos personajes se diferenciaban en que las hadas lo eran, y las brujas se hacían, pero ambas –hadas y brujas- no tenían un papel tan central en el cuento. Por su parte en el artículo de hoy, -“La madre oculta”-, se pone en relieve la enorme importancia de estos personajes, como sustitutas de la madre y, en muchos casos (si son brujas), como antagonistas.

Mientras que en el primer artículo, Teresa Durán señalaba los diferentes roles que tienen las mujeres en los cuentos, -princesas, madres y madrastras- (explicadas en el comentario del artículo “Entre hadas y brujas”), Gerardo Gutiérrez distingue tres formas de magas: donante (hada), raptora (bruja) y guerrera, y pone de manifiesto que la maga sólo es madre y nunca podrá llegar a ser esposa, cosa que no se comenta en el artículo de Teresa Durán.

lunes, 25 de abril de 2011

De Hadas y Brujas

El Bien y el Mal… La lucha infinita entre ambas fuerzas representada por la lucha entre hadas y brujas… Pero… ¿De dónde vienen estos seres fantásticos? Nosotros los conocemos gracias a los textos folklóricos, creados y modificados por el pueblo y el tiempo. Probablemente, el origen de su aparición en los cuentos e historias viene de las historias paganas, de las leyendas y de las múltiples historias que, a través del tiempo, se han convertido en lo que hoy conocemos como cuentos.



¿En qué se diferencian unas y otras? Las Hadas son buenas y nacen hadas, recordemos la historia de Lilith; y las brujas son malas y se hacen brujas, no nacen así, sino que lo deciden y aprenden las artes oscuras del Mal Absoluto: el Diablo. Esta es la diferencia fundamental entre ambas.





¿Y en qué se parecen? Pues en que ambas son mágicas y prácticamente todas, -tanto hadas como brujas-, son mujeres… Si recordamos lo que escribí sobre el machismo en el post anterior nos daremos cuenta de que tampoco en estos casos, -de hadas y brujas-, es correcto el tópico “machista” a los cuentos folklóricos.

Los roles que juega la mujer en los cuentos son tres:

* Princesa: es la adolescente, la protagonista, la que ha de llegar a la vida adulta… en la historia, -como decíamos en la entrada anterior-, lo que se cuenta es su viaje iniciático. Se caracteriza por la juventud y la belleza.




* Madre: es la mujer madura, tiene un papel importante, la reina, la que asegura la supervivencia de la raza humana… en muchas ocasiones desaparece porque ha cumplido su función.

* Madrastra: aparece tras la desaparición o muerte de la madre, refleja el odio hacia la princesa porque le recuerda que su tiempo ha pasado, que ya no tiene la belleza de la princesa… la imagen de ésta le recuerda el dolor del paso del tiempo y de la impotencia de no poder hacer nada.




A estos podemos añadir:

- Las Hadas, por su parte, no son uno de los roles típicos de la mujer, sin embargo, al ser joven y bella podríamos relacionarla con la princesa.


- Y las brujas, que se acercarían más al papel de madrastra.



Sin embargo, estas dos últimas no son las protagonistas/antagonistas de la historia como tal sino que ayudan –en el caso de las hadas-, y dificultan –en el de las brujas- el viaje iniciático de la joven protagonista de la historia.

En general estos cuentos les encantan a los niños, sobre todo por los personajes fantásticos que aparecen. Sin embargo, como futuras profesoras de Educación Infantil, debemos recordar que estos cuentos no están dirigidos específicamente a los niños, sino, más bien, a un público adolescente. Lo que podemos hacer, por tanto, es adaptar estos cuentos o historias a los intereses y al nivel madurativo y psicológico de nuestros alumnos, teniendo en cuenta que habrá de existir un personaje con el que se sientan identificados y que tanto el tiempo, como los espacios, como las situaciones deben ser encuadradas en el contexto de los más pequeños para poder ser entendidas por éstos.

lunes, 18 de abril de 2011

El nonsense.

El nonsense. El sin sentido, lo extraño –o lo que nos resulta extraño-, lo que no entendemos, lo que no es lógico, el absurdo… esto es lo que nos indica este título…

Después de leerlo he pensado: “¿Y qué pasa si yo ahora afirmo rotundamente que los animales hablan?” Pues probablemente lo que ocurra es que esto se llenase de comentarios de que estoy loca o algo así… o simplemente que quienes lo leyesen ni siquiera comentasen nada, ¿para qué?, si es una tontería lo que pone… Pues resulta que yo he visto animales hablar, lo he visto en cuentos, en películas… Sin embargo, si esa pregunta en vez de un adulto la ve un niño, ¿cambiaría la situación? Probablemente sí. Para ellos todavía no hay una realidad establecida, una realidad que es así porque es así y punto.

De estos temas trata el artículo de Consuelo Armijo, de todo aquello que los adultos “sabemos” y los niños “habrán de aprender”… Y digo que “sabemos” (entre comillas) porque realmente lo CREEMOS. Nos hemos creído lo que nos han contado… Según hemos ido creciendo hemos ido cerrando nuestro campo de “visión”, hemos ido estableciendo tópicos, que nos hemos creído, hemos afianzado y hemos llegado a convertir en verdad única… Es esto lo que ocurre con el ejemplo del cielo que comenta la autora… ¿Quién se atrevería a pintar el cielo de un color que no sea el azul? Pues, casi con total seguridad, nadie que no sea un niño… ¿Y no es cierto que al atardecer el cielo toma colores anaranjados, rosáceos, rojos…? ¿Y justo antes del anochecer es casi violeta, morado…? ¿Y qué pasa de noche, no es negro el cielo? Tomo este ejemplo porque me parece que ilustra el hilo del artículo a la perfección… Sin embargo no es sólo el cielo… Ocurre igual con el mar, o con los árboles (siempre dibujamos frondosas copas verdes… ¿No puede estar sin hojas porque sea invierno? ¿O no puede ser un pino? ¿O no puede tener las hojas marrones?...).

Creo que esto no ocurre igual con los niños. Ellos son aún curiosos, vivaces, inquietos, quieren aprender, quieren saber por qué ocurren las cosas… A los tres años, aproximadamente, es la época del “¿Y por qué?”. Es una pena que eso se pierda según vamos creciendo. Cada vez nos importan menos las razones de todo lo que pasa a nuestro alrededor, no nos molestamos en profundizar en nada, nos volvemos tan “cómodos” que nos da igual llegar al fondo de las cosa… Y esto tiene el peligro de llegar a convertirnos en seres meramente superficiales, sin ninguna curiosidad.
Prueba de ello es la respuesta que suele dar un adulto ante el “por qué” de los pequeños… La conversación de pregunta-respuesta-pregunta-respuesta que he comentado antes…suele terminar hacia la tercera o cuarta pregunta con la siguiente respuesta por parte del adulto: “Porque es así y punto”.

Supongo que como futuros profesores de Educación Infantil, más nos valdría recuperar esa curiosidad, para fomentarla en nuestros alumnos, para no tener que recurrir a esa respuesta nunca, para hacer que nuestros alumnos mantengan sus mentes abiertas y sean capaces de darse cuenta de que las “verdades” de nuestro alrededor no son siempre tan verdad, o no son exactamente como las percibimos… Esto que debemos pretender para las futuras generaciones y es lo que persigue el nonsense: romper las ideas establecidas, atreverse a plantear una duda ante una verdad que, hasta ahora, ha sido absoluta…

Entonces… ¿Los animales hablan?